“El vacío que deja el arribo de la libertad…” David Bowie citando a Hans Richter (1998)

N.B. Este es un texto que quedó olvidado en el hoyo negro de la computadora tras ser rechazado por una revista-fanzine de artistas mexicanos que se publicaba hacia 1998, cuando vivía en Londres. Los editores me solicitaron una colaboración sin hacer especificaciones, y quizá inspirado en la mezcla de pretensión y cultura popular del momento decidí compartirles mi asombro por haber atrapado a Bowie leyendo a Richter. No tuve el masoquismo de preguntar jamás por qué mi articulo no les había caído en gracia. Me lo ha recordado hoy un amigo especialista en Dadá, Michael White, de la Universidad de York, quien quería referirlo. Esa demanda, y la reciente muerte de David Bowie, me tentaron a ponerlo en circulación, sin tiempo o ganas de mejorarlo o alterarlo. La frase misma de Richter-Bowie, “The vacuum created by the arrival of freedom”, es para mi una especie de divisa.


Vamos a volar a Weimar por los aires.
Berlín es el sitio … da…da…. Nada ni nadie será perdonado.
Los Dadaístas contra Weimar, Febrero 1919.

 

Recuerdo bien el día que un amigo me reveló Scary Monsters de David Bowie, quizá el disco más radical de ese maestro de las metamorfosis del pop británico que hoy hace collages más bien menores, y funge de entrevistador en la revista menos radical del mundo de arte en Inglaterra: Modern Painters. Aunque no era particularmente fanático de la música pop entonces (tampoco ahora, para ser sinceros) Bowie me apasionó de inmediato. Quizá la brutalidad de It`s no game fue lo que me convenció: los textos incomprensibles pero llenos de urgencia emitidos por una voz femenina en japonés, los arranques ponquetes de la guitarra, la descripción de demolición cultural y violencia televisada, puestas en la perspectiva de un espectador incómodo ante un catálogo de injusticias que no puede remediar:

Siluetas y sombras observan a la revolución No hay más pasos libres al cielo. Sólo walky talky— paraiso o crisol. Sólo grandes cabezas y tambores— velocidad completa y pagana. Bien, no es un juego. Estoy impedido del evento. Realmente no entiendo la situación. Entonces, ¿dónde está la moraleja? La gente se hace romper los dedos. Ser insultado por estos fascistas—es tan degradante. No es un juego.
(David Bowie: “It’s no Game (Part 2), Scary Monsters, Rykodisk, 1980, 1992. RCD 20147, pista 10.)

Cuál no sería mi sorpresa cuando me encontré tarareando a Bowie, releyendo el clásico libro de Hans Richter, Dada art and anti-art (1964), la más vívida de las crónicas dadaístas. Permitanme poner el pasaje en contexto: Hans Richter trata de describir lo que fue Dadá en Berlin, y sus diferencias con respecto al Dadá de Zurich: “Dadá en Berlín presenta todos los síntomas —buenos y malos— de una neurosis,” escribe Richter, quien afirma que se abstuvo de formar parte del Club Dadá a pesar de haberse mudado también a la capital Prusiana cuando el Cabaret Voltaire se disolvió. Sus motivos para marcar distancia frente a la politizacion de Raoul Haussman, Georg Grozs, el Oberdada Johannes Baader, Walter Mehring, Hannah Hoch y los hermanos Herzfeldde/Heartfield, eran haber percibido la intoxicación que el poder del radicalismo produjo en los Dadaístas alemanes. Richter los acusaba de haber sido presos de un frenesí que los llevó a perder “toda relacion con el mundo real,” y de haber adoptado postura sque eran más un ataque de “histeria que una verdadera misión cultural”. No que esa violencia real y simbólica careciera de motivos. Hans Richter enumera así las causas que llevaron a los Dadaístas alemanes a hacer reclamos absolutos de abolición del arte y sus ataques totales a la República de Weimar: los cuatro años de la matanza insensata de la Guerra Mundial, el fracaso de la revolución obrera de 1918 y los interminables combates callejeros que la acompañaron, la forma en que el espíritu de oposición había sido largamente suprimido en Alemania, la desesperación e ineficacia moral y práctica de los Dadaístas, además de las presiones del Comunismo recién triunfante en Rusia. Finalmente, afirma Richter, la paradoja de no saber qué hacer con la libertad recién ganada. Motivo este último donde, con el perdón, abandono la traducción y cito de acuerdo a la version en inglés, amparado en el bilingüismo congénito de los lectores que ya no bailaron con los covers edulcorados de Enrique Guzmán:

—and finally the vacuum created by the sudden arrival of freedom and the endless possibilities it seemed to offer if one could grasp them firmly enough.
(Hans Richter: Dada art and anti-art. traducido del alemán al inglés por David Britt. 2a. ed.Londres: Thames and Hudson, 1997, p. 122. )

Tampoco me faltaban razones para tararear. David Bowie se había apropiado de ese fragmento y lo había vuelto el estribillo principal de Up the Hill Backwards:

The vacuum created by the arrival of freedom and the possibilities it seems to offer. It’s got nothing to do with you. If one can grasp it. It’s got nothing to do with you. If one can grasp it. A series of shocks—sneakers fall apart. Earth keeps on rolling—witnesses falling. It’s got nothing to do with you. If one can grasp it. Yea Yea Yea— up the hill backwards it’ll be alright ooo-ooo
(David Bowie: “Up the Hill Backwards” (1980), Scary Monsters, pista 2.)

Supongo que los historiadores del rock, o Bowie mismo, habrán hecho pública ya la referencia, debido seguro a la temporada que pasó en Berlín en los años 70, y la técnica cut-and-paste de sus canciones,  pero no sabría por donde buscar para corroborarlo. ¿A qué se refiere Bowie con su alusión a “una serie de shocks zapatos tenis que caen a pedazos/la tierra da de vueltas, y los testigos caen a los lados”? ¿Por qué es que esto “no tiene que ver contigo”? ¿Acaso me equivoco en ver aquí a Bowie apropiandose de la crítica de Richter para dirigirla contra los Punk que, apenas años antes, habían irrumpido en la escena inglesa, o en general a las ilusiones de radicalismo de la música popular? ¿O se trata más bien de una especie de requiem por la subversión, su heroismo subterráneo, y al final de cuentas un ataque lírico para disipar la tentación que se nos asoma cada que leemos acerca de las hazañas dadaístas?

Lo evidente, sin embargo, es que Bowie extrae de su cita una especie de “ilustración,” esa figura que aparece cada que alguien habla del derrumbe o el desenmascaramiento de los ídolos. Una lectura de las diferencias de posición de ciudadanos, revolucionarios y artistas, que sin embargo sugiere mejor refugiarse en alturas menos tumultuosas:

While we sleep they go to work. We’re legally crippled it’s the death of love. It’s got nothing to do with you if one can grasp it. It’s got nothing to do with you If one can grasp it (…) More idols than realities. I’m O.K.—you’re so-so (…) Up the hill backwards It’ll be alright ooo-ooo

“Más ídolos que realidades: yo estoy bien, tu estás dos-tres.” Quizá Up the Hill Backwards no sea más una parafrasis de la crítica de Hans Richter a las divisiones de Dadá, una de las más asombrosas autocríticas de la vanguardia que uno puede citar. El reproche de que la búsqueda de la pureza de los dadaistas alemanes sólo los había conducido a luchas intestinas y de personalidad, así como a ser incapaces de sostener los lazos afectivos y la solidaridad de amistad. Bastaría traducir así el verso casi Mayakovskiano de David Bowie: “Estamos legalmente lisiados. Es la muerte del amor.” Cada uno de ellos denunciaba a los otros por los errores que en realidad poseía, sobre todo la manía de poder.

(…) La rivalidad entre Hausmann y Huelsenbeck por el liderazgo llevó a una pelea (…) que dura prácticamente hasta nuestros días. El sentimiento de que en todas circunstancias uno debe oponerse a lo banal llevó sospechar de todo contacto emocional entre humanos (…) Peleas y ofensa se convirtieron en el comportamiento normal. Grosz tampoco le tenía afecto a la suavidad de los modales. Estaban ellos todo el tiempo en la línea del combate, que no se podían dar el lujo de ponerse selectivos acerca de cuál era el rostro que golpeaban. Las maneras civilizadas habían dado sitio al barbarismo, y ya no importó cómo se trataba uno con individuo en lo privado.
(Ricther, op. cit.,  p. 123.)

Pero, ¿se puede escalar de espaldas la colina? ¿De verdad evita así uno el cansancio de la pendiente? ¿Y cómo sabe uno que lo que le toca vivir no es ya otra república de Weimar? Me abstengo de apilar una moraleja más a estas dos moralejas.

 

Cuauhtémoc Medina

 

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Acerca de Cuauhtémoc Medina

Cuauhtémoc Medina (México, 05.12.1965) Crítico, curador e historiador de arte. Doctor en Historia y Teoría de Arte (PhD) por la Universidad de Essex en la Gran Bretaña y Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de México. Ha sido investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de Universidad Nacional Autónoma de México desde 1993, y entre 2002 y 2008 fue el primer Curador Asociado de Arte Latinoamericano en las Colecciones de Tate Modern, en el Reino Unido. Actualmente es Curador en Jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM. Art critic, curator and historian, holds a Ph.D. in History and Theory of Art from the University of Essex in Britain and a BA in History from the National Autonomous University of Mexico (UNAM). Since 1993 he has been a full time researcher at the Instituto de Investigaciones Estéticas at the National Autonomous University of Mexico (UNAM) and between 2002 and 2008 was the first Associate Curator of Art Latin American Collections at the Tate Modern. He is currently Chief Curator at the MUAC Museum in Mexico city. Ver todas las entradas de Cuauhtémoc Medina

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