Entre acción y expresión: una respuesta…

Estimado Jorge Gomez del Campo,

Gracias por tu nueva carta[1]. Me has hecho descubrir que tu texto “Yo soy un anarquista”[2] era una ficción donde simulabas a un supuesto interlocutor ácrata que interpelaba a los sectores fresas del movimiento, como yo, y luego, por haberte respondido en serio[3], te acabamos pareciendo autoritarios. Perdón por haber tomado parte en la comedia: la estrechez de mi tradición no me preparaba para actuar conforme al guión en una fábula didáctica. Tocará a otros analizar la clase de esfera pública que tu teatralización y mi mala tendencia a la ironía producen en coalición.

Para salir del impasse, te propondría centrar la discusión definiendo las áreas concretas donde tenemos desacuerdos. Como se dice en inglés: Let’s cut the bullshit! Me parece que este podría ser un balance de la situación:

  1. Los anarquistas. A mi no me constaba que los actores de la violencia del 20 de noviembre de 2014 en el zócalo eran los que la opinión pública llama “los anarquistas”. Tú en cambio estás persuadido de ello, y quizá lo sabes de cierto. Yo guardaba la esperanza de que la agresión del 20 de noviembre hubiera sido un montaje. Tú va más allá: toda discusión de la acción directa, y especialmente su descalificación, alude por contexto a los anarquistas en el movimiento social. Aún así, sigo pensando que la opción de la confrontación no pertenece sólo a ellos, y que por tanto es una táctica que puede discutirse sin personificarse.
  2. Altura moral. Para ti hablar de la “altura moral” y “reputación” del movimiento es establecer una jerarquía moral entre sus participantes: los buenos y los malos, los pacíficos y los violentos, lo que tendría un fondo clasista y racista. Si alguien como yo describe el uso de una cierta táctica como traicionero porque contribuye a realizar los planes represivos del poder, tú sientes que eso inmediatamente supone que he singularizado algunos agentes como criminales. Yo siento que ambas interpretaciones son equivocadas, que no se puede transformar la crítica de la acción en la crítica de personalidades. Pero además hablar de la “altura moral” del movimiento refiere a al impacto de una movilización ante la opinión pública, que en mi opinión pone en aprietos a la política del gobierno. El único momento que tus textos abordan el impacto de los gestos espectaculares de violencia es en relación a valorar el efecto mediático internacional de tener escenas de enfrentamientos y fuego. Tu calificas mi posición de esencialista. Yo pienso que atiende a la forma en que los imaginarios son decisivos en la política.
  3. Crítica de tácticas o exclusión de personas. Esas discusiones son derivativas de una cuestión fundamental. Tú argumentas que nadie tiene derecho a señalar a ningún compañero métodos o rutas porque estos son materia de una “voluntad soberana” individual: implicas una especie de pluralismo táctico constante. Yo sostengo que las tácticas del movimiento social se ponen a debate, con vistas a ser adoptadas por la mayoría, y que la minoría debe sujetarse a esa voluntad. Tú entiendes todo gesto de crítica interna como autoritario y dices que la libre voluntad de ciertos grupos y su condición de marginalidad, les ha hecho ver la confrontación con las fuerzas policiacas como una necesidad, y por tanto criticar sus métodos es una “criminalización” de esas personas.   Yo veo necesario que el movimiento social se autorregule, y me preocupa más que las tácticas del movimiento ayuden a aislarlo y reprimirlo, que los efectos de criticar enérgicamente ciertas actitudes, lo que pudiera llevar a un sector a establecer distancia. Tú ves las críticas a las actitudes y acciones de los compañeros anarquistas una colaboración con la violencia que se ejerce sobre ellos. Yo veo en el uso expresivo de la violencia una colaboración con la represión.
  1. Unidad o diferenciación. Creo que lo más valioso de tu texto es la preocupación por las relaciones entre las facciones y metodologías al interior del movimiento. ¿Cómo mantener unido al movimiento para que los “anarquistas” lo sigan acompañando? Concedo: mi argumento no iba en esa dirección. Me preocupa más la suerte del movimiento en su conjunto. Dada tu preocupación por mantener a los compas anarquistas dentro del movimiento, propones una metodología imaginativa: marchar detrás de quienes se van a batir con las fuerzas de seguridad para, al último instante, apartarnos de ellos. Con ello, argumentas, podríamos acompañarlos, acercarlos a nuestras posiciones, e impedir la división. Yo encuentro varios defectos en esa táctica. Difícilmente garantiza la seguridad de los manifestantes, y mucho menos permite cuidar la fuerza político-moral del movimiento ante el resto de la sociedad, es decir, su reputación. Me parece que una vez que los manifestantes acompañen fuerzas de choque en su vanguardia, se vuelven políticamente responsables por sus actos. En otras palabras, no veo tu propuesta como una solución, sino que implícitamente sujeta al movimiento entero a la voluntad libre de un grupo voluntarioso, lo que de hecho ocurre en los hechos si no hay coordinación.

Cierro el resumen deseando que sea justo. Creo que el problema básico que nos divide es el de la valoración de la acción política. ¿Es esta una forma de “expresión” soberana de un sujeto, que por tanto, como la opinión, no deba ser “censurada” (como se ha expresado ya un par de veces en este movimiento) y que define a las personas, o es un medio a ser determinado por motivos instrumentales, que se enmarca en las relaciones políticas generales, que debe ser definido por motivos de opinión, pues su valor es fundamentalmente táctico? En un movimiento social, y especialmente si no hay dirigencia orgánica, ¿hay alguna forma de establecer límites de las prácticas, o hay que aceptarlas como parte de la obligación de aceptar “al otro”? ¿Es el desacuerdo de tácticas una forma de pensamiento autoritario, o una condición de la creación de poder popular? O acaso, ¿la necesidad de aproximarse al subalterno requiere abolir toda esa agenda?

Yo creo que la decisión que tomamos sobre estos asuntos es significativa. La misma clase de acción, tiene un valor totalmente diferenciado en situaciones diferentes. Hace una década la coordinación de “Monos blancos y Monos negros” en las protestas globales se hacía en términos defensivos: los más aventurados protegían a los manifestantes ante los ataques de la policía. Aquí sucede al contrario: alguien confronta la policía, y entonces tras de una espera significativa, esta arremete contra el conjunto de los manifestantes, y luego toca emplear la movilización entera de la sociedad civil para rescatar a las victimas de la acción policiaca provocada o justificada por los choques innecesarios. Tengo la impresión de que tú estás pidiendo a los manifestantes más comunes que protejan a los aventureros, aunque los expongan a peligros. Hasta ahora, los que protestan salen a defender a quienes sufren la represión, sin hacer preguntas acerca de qué color tienen. De eso se trató la coyuntura que apenas cierra: la dedicación del movimiento en protegerse de la acción torpe del Estado, y de su torpeza interna. En términos generales, esa prueba ha sido superada. El conjunto de las acciones contra la represión que emprendió el movimiento tendió a evitar que nadie quedara “criminalizado.” Eso me parece mucho más importante que lo que significan mis palabras o giros verbales. Qué nos depara el futuro, ya se verá.

Fraternalmente

Cuauhtémoc Medina

[1] Jorge Gomez del Campo, “Una respuesta al Dr. Medina”, Noviembre 27, 2014. http://jorgegomezdelcampo.blogspot.mx/2014/11/una-respuesta-al-dr-cuauhtemoc-medina_52.html

[2] Jorge Gomez del Campo, “Yo soy un anarquista”; Noviembre 23, 2014. http://jorgegomezdelcampo.blogspot.mx/2014/11/yo-soy-anarquista.html

[3] Cuauhtémoc Medina, “Carta a un anarquista: Sobre la política de la desorientación”, Noviembre 24, 2014. https://cuauhmedina.wordpress.com/2014/11/24/carta-a-un-anarquista-sobre-la-politica-de-la-desorientacion/

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Acerca de Cuauhtémoc Medina

Cuauhtémoc Medina (México, 05.12.1965) Crítico, curador e historiador de arte. Doctor en Historia y Teoría de Arte (PhD) por la Universidad de Essex en la Gran Bretaña y Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de México. Ha sido investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de Universidad Nacional Autónoma de México desde 1993, y entre 2002 y 2008 fue el primer Curador Asociado de Arte Latinoamericano en las Colecciones de Tate Modern, en el Reino Unido. Actualmente es Curador en Jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM. Art critic, curator and historian, holds a Ph.D. in History and Theory of Art from the University of Essex in Britain and a BA in History from the National Autonomous University of Mexico (UNAM). Since 1993 he has been a full time researcher at the Instituto de Investigaciones Estéticas at the National Autonomous University of Mexico (UNAM) and between 2002 and 2008 was the first Associate Curator of Art Latin American Collections at the Tate Modern. He is currently Chief Curator at the MUAC Museum in Mexico city. Ver todas las entradas de Cuauhtémoc Medina

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