Carta a un anarquista: sobre la política de la desorientación.

Estimado Sr. Jorge Gómez del Campo,

Autor del Blog Art and Gonzo Philosophy

Diego Teo, un artista del grupo Cráter invertido, hizo el favor de compartirme su nota titulada “Yo soy anarquista” fechada el 23 de noviembre de 2014[1]. Vi con asombro que gran parte de ese texto está dedicado a comentar una nota que yo publiqué hace unos días,[2] a raíz de los acontecimientos del 20 de noviembre en México. Le agradezco haberme tomado en serio, si bien creo que su visión sobre mi texto está distorsionada, porque usted nota en él anarquistas que, francamente, yo no pinté, figuré o referí. Lo bueno es que esa lectura ladeada me permite entrar en conversación con usted, y quizá otros anarquistas, por lo que mi texto empieza siendo crítico pero acabará siendo optimista, como dice usted que es el anarquista.

Primero, pues, me dedico a despejar el enredo que introduce su versión de mi escrito. Dice usted que mi texto ejemplifica, si bien de un modo “sutil” (¡gracias por ese calificativo!) el daño moral que la sociedad civil y los intelectuales hacemos a los anarquistas al atacarlos y aislarlos “de la comunidad que busca paz y justicia”. Usted argumenta que en mi frase (“toda ‘acción directa’, simulada por los agentes o realizada por activistas desorientados, es una traición al movimiento social”)  escondo en clave una alusión a los anarquistas, que no nombro al hablar de   “activistas desorientados”. Lo “sutil” de mi posición no queda ahi. Usted concede, amablemente, que yo no condeno directamente a las personas que  “no coinciden” con las “ideas limitadas de resistencia” civil, sino  sólo a sus tácticas. Aún así, desenmascarando mi artilugio, usted ve en mi texto y en el contexto que lo acompaña un ataque terrible y ofensivo al anarquismo. Cito su párrafo para beneficio de nuestros tres o cuatro lectores:

Segundo, cualquier persona o grupo que no coincide con estas ideas limitadas de resistencia ‘traiciona al movimiento social’. Siendo justo, la frase dice que la táctica traiciona, no la persona. Pero ¿qué debemos pensar de nosotrxs mismxs si somos personas que creemos que esas tácticas, de ves en cuando, son necesarias? ¿Deberíamos concluir que como no somos gente de “alta moral”, somos enemigos?[3]

Permítame con todo respeto que me detenga a hacer un ligero reproche. En efecto, toda la sutileza que usted tan amablemente me atribuye termina cuando usted cree que yo hablaba de los anarquistas. No lo hice: si yo escogí la frase “activistas desorientados” fue precisamente por ser abarcadora. En ella podía aludir por igual a los leninistas trasnochados, a los católicos mesiánicos, a los nuevos populistas rusos, y sobre todo a una masa muy importante de jóvenes que en los últimos meses han adoptado un culto por la acción directa que no necesariamente se debe a alguna clase de afiliación de ideas, sino a su desilusión por toda clase de forma de mediación política. Esa será mi primera herejía: sugerirle que el gusto por la acción directa no es monopolio de sus correligionarios.

En ese sentido, encuentro un poco incómodo que usted  me presente como una especie de “crítico de ideas”. ¡Bastante tengo con a veces ser crítico de arte! Usted perdonará que encuentre esto un tanto extraño pues en las líneas que usted suprime al final de el párrafo que usted cita, digo claramente que me refiero a las prácticas y no a lo que los compañeros “desorientados” sienten, piensan o imaginan. Este es el párrafo que escribí, restaurando la línea en cuestión, que para facilidad de los lectores subrayo:

(…) los manifestantes pacíficos y razonados hemos ganado una posición moral en la calle y las mentes ciudadanas. (…) Nuestra reputación colectiva (…) depende de actuar en términos de nuestros derechos constitucionales (…) Como pueden ver en las imágenes que circulan el día de hoy toda impaciencia o aventurerismo tiene como consecuencia poner en peligro a nuestros camaradas y compañeros de lucha. Toda ‘acción directa’, simulada por los agentes o realizada por activistas desorientados, es una traición al movimiento social. El asunto no es moral o ideológico: esa traición se verifica en los hechos.

Voy a abandonar la sutileza, para exponerle mi argumento en bruto. Carece de importancia qué ideas defienden los distintos compañeros que participan en el movimiento y qué tradiciones representamos. En un momento en que estamos en una confrontación política con los poderes constituidos,  lo que interesa es la situación táctica. El gobierno anunció toda la semana del 15 al 20 de noviembre que iba a proceder a reprimir a “los violentos”. Ese era un propósito tanto de imagen como de actos: presentaría a la opinión pública un movimiento definido por su peligrosidad, y esa ilegalidad permitiría la represión de algunos de sus integrantes, para tratar de disuadir al resto de los participantes en las protestas por rechazo a la violencia y por efecto del miedo. Por fortuna, Peña Nieto no tiene demasiada sutileza: muchos nos dimos cuenta que así procedería, y nos pasamos días hablando con otros compañeros para convencerlos de que acciones de confrontación, como el bloqueo del aeropuerto, eran una mala idea pues los llevarían a caer en la trampa que les tendían.

Llegó el día 20 y en los hechos (que no en las ideas o afectos) los que desobedecieron las decisiones colectivas de evitar la violencia, contribuyeron a la represión y la difamación del movimiento. Como su acción fue torpe, y se vio acompañada de un montaje del gobierno, la táctica ha fallado, pero ha dejado a varios compañeros en una situación jurídica muy riesgosa. Si esa indisciplina y falta de juicio provino de personas que se sienten guadalupanos, piensan que son marcianos, o se llaman a sí mismos, anarquistas, carece para mi de importancia alguna. Por eso escribí: “El asunto no es moral o ideológico: esa traición se verifica en los hechos.” Por eso también hablé de “activistas políticamente desorientados” y no les atribuí membrete alguno. A lo mejor debí haber dicho: “los compañeros poco respetuosos de las decisiones democráticas del  movimiento y que no se interesan en la seguridad personal y jurídica de los manifestantes”.

Hecha esa aclaración a su lectura, permítame dar un giro para hacerle una pregunta un tanto directa. ¿Por qué le importa tanto  el problema del reconocimiento de “los anarquistas” por los demás, es decir, por nosotros? No sólo es que su texto está titulado  “Yo soy anarquista,” aunque eso es bastante significativo. ¿Por qué piensa usted que las creencias políticas de nadie son un asunto que a los demás nos incumbe.?¿De donde saca que los que, como usted concede, buscamos alguna sutileza de reflexión, estamos pensando en “los anarquistas”?

Lamento desilusionarlo: yo no me ocupo mucho del anarquismo. Sí: he leído textos que provienen de esa tradición, pero con notables excepciones —Victor Serge es la excepción— los autores anarquistas me resultan poco fértiles. Tengo la impresión de que tienen más ganas de declarar que aspiran a no tener estado, y explicar qué cosas creen y no creen, que en plantearnos instrumentos para pensar las instituciones sociales o la dinámica de la cultura. Tengo claro que yo no soy un anarquista: el destino de las estructuras estatales que el neoliberalismo ha ido destruyendo es un asunto que me preocupa. ¡Qué le vamos a hacer! Por supuesto, me parece digno de alguna reflexión que mucha gente se afilie recientemente a esa tradición, y no sólo los hijos de obreros en las barriadas, como usted sugiere. Por ejemplo, hace poco un escritor neoliberal bien conocido llamado Enrique Krauze afirmó reivindicar “mucho” ciertos aspectos del anarquismo.[4] Con todo respeto, no me gustaría estar en esa compañía.

Me gustaría sugerirle que todas estas identidades políticas con las que se definieron los  siglos XIX y  XX me parecen, con el debido respeto, de un anacronismo insalvable. Suelo decir que definir “qué es obra de arte” es “una pregunta de la policía”. ¡Imagínese qué pienso de las identidades políticas! Por cierto, creo que su propia reseña en torno a cómo los medios representan a los anarquistas pudiera plantear  que esa categoría se ha vuelto una categoría policial. La etiqueta anarquista sirve a la prensa, sirve al estado, y sirve a la policía; esa misma categoría pone en peligro a las personas e ideas anarquistas. Sólo por ello, yo la abandonaría.

Seriamente: su credo político, como el de otros, me deja indiferente. Respeto sus creencias, vale, aunque admito que me produce una cierta impaciencia que la gente se describa a sí misma o se auto-elogie.  Lo que me preocupa es que salir a golpear policías y atacar edificios el día 20 era contraproducente, porque significaba cumplir la agenda de Peña Nieto. Llegó el día 20, y el entusiasmo por el fuego y los golpes de algunos compañeros y policías ayudó a la represión. También debo admitir que defender la autonomía universitaria se dificulta si, en violación de esa autonomía, algunos compañeros supuestamente bien intencionados tienen ocupado un auditorio que en los ochentas llamábamos en broma “Che Sierra”. Leo su texto y saco de conclusión que no me importa la demonización del anarquismo, , sino la demonización del movimiento social.

Yo encuentro políticamente conveniente en momentos de crisis no tener favoritismos tácticos, y creo fácil entender que tener cariño por “la acción directa” en lugar de analizar la situación, y revisar qué podemos hacer o no, y qué riesgos involucra una u otra forma de lucha, es un prejuicio muy poco útil en la práctica.

En efecto, las “ideologías” (la palabra sigue para mi sigue significando “falsa conciencia”) nos estorban. Si algo puedo reprochar al anarquismo, es que resucita ese asunto de “qué crees políticamente” que yo pensaba sepultado a mediados de los 80. Sigo convencido que librarnos de nuestros prejuicios e identidades puede ser una ventaja en un momento en que estamos en necesidad de actuar conjuntamente.

En efecto, lo invito, lo mismo que a muchos amigos, a dejar el uniforme anarquista en la puerta, y acompañarnos en  sorprendernos de lo que está ocurriendo frente a nuestros ojos. Déjeme sugerirlo citándolo nuevamente. Usted escribe

Medina crea a un grupo puro que ha ganado su ‘altura moral y política’ por medio de una estrategia simbólica de resistencia (simbólica porque las manifestaciones, marchas, y creaciones de comunidades o alianzas civiles (hasta hoy) no han incidido en las relaciones materiales creadas por la violencia y corrupción del narco-Estado).

No sé bien a bien lo que significaría “incidir en las relaciones materiales creadas por la violencia y corrupción”, pero sea lo que sea, se lo concedo.

A cambio le propongo me acompañe en este análisis:   esas “tácticas simbólicas” (de manifestación, duelo y protesta) han planteado un enigma indescifrable para el Gobierno federal, y el sistema de partidos. La novedad es que un movimiento civil amplísimo provoca, en palabras de Peña Nieto, inestabilidad. El gobierno no encuentra como aplacar, cómo calmar y cómo controlar al movimiento de masas. Ese efecto viene, precisamente, del modo en que su carácter civil y constitucional pone en jaque a la autoridad. Yo no me pronuncio contra la violencia por algún estribillo de iglesia como “la violencia genera más violencia”. Me pronuncio por aprender de la práctica y ver que nuestra civilidad es lo que nos ha hecho políticamente in-gobernables.

No sé si eso es ácrata, o no: pero me parece poderoso , digno de ser defendido y francamente maravilloso.

Fraternalmente,

Cuauhtémoc Medina

México, 24 de noviembre 2014

[1] Jorge Gómez del Campo, “Yo soy anarquista”, Noviembre 24, 2014. http://jorgegomezdelcampo.blogspot.mx/2014/11/yo-soy-anarquista.html

[2] Cuauhtémoc Medina, “Los de casco también son ultras”, del 21 de noviembre 2014, https://cuauhmedina.wordpress.com/2014/11/21/los-de-casco-tambien-son-ultras/

[3] Gómez del campo, “Yo soy anarquista”; citado.

[4] Alfonso Armada, “Enrevista-Enrique Krauze. Los que trabajamos en periódicos estamos preocupados por el crepúsculo de nuestra industria”, Madrid, ABC Diario, Noviembre 5, 2014. http://www.abc.es/cultura/20141103/abci-siglo-todavia-renunciado-razon-201411030022.html

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Acerca de Cuauhtémoc Medina

Cuauhtémoc Medina (México, 05.12.1965) Crítico, curador e historiador de arte. Doctor en Historia y Teoría de Arte (PhD) por la Universidad de Essex en la Gran Bretaña y Licenciado en Historia por la Universidad Autónoma de México. Ha sido investigador del Instituto de Investigaciones Estéticas de Universidad Nacional Autónoma de México desde 1993, y entre 2002 y 2008 fue el primer Curador Asociado de Arte Latinoamericano en las Colecciones de Tate Modern, en el Reino Unido. Actualmente es Curador en Jefe del Museo Universitario Arte Contemporáneo (MUAC) de la UNAM. Art critic, curator and historian, holds a Ph.D. in History and Theory of Art from the University of Essex in Britain and a BA in History from the National Autonomous University of Mexico (UNAM). Since 1993 he has been a full time researcher at the Instituto de Investigaciones Estéticas at the National Autonomous University of Mexico (UNAM) and between 2002 and 2008 was the first Associate Curator of Art Latin American Collections at the Tate Modern. He is currently Chief Curator at the MUAC Museum in Mexico city. Ver todas las entradas de Cuauhtémoc Medina

4 responses to “Carta a un anarquista: sobre la política de la desorientación.

  • Rubén Ortiz Torres

    Desde luego se puede y se debe hacer una crítica de la violencia pero francamente que pinche carta mas mamona, condescendiente, paternalista, protagónica y reaccionaria. Es como sermón del Centro Activo Freyre light circa años ochentas.

    “Lamento desilusionarlo: yo no me ocupo mucho del anarquismo. Sí: he leído textos que provienen de esa tradición, pero con notables excepciones —Victor Serge es la excepción— los autores anarquistas me resultan poco fértiles.” Foucault, Deleuze, Chomsky, Emma Goldman, Dadá, Flores Magón, Zapata, Johnny Rotten y el punk, etc. ¿Poco fértiles? Es lo peor que te he leído. Peor que la parte de los noventas de “La Era de la Discrepancia”. Monsivais tenía razón. Mejor ponte a hacer crítica de arte.

    ¡¡¡Si los curas y líderes de la vanguardia revolucionaria supieran la paliza que os vamos a dar. Saldrían gritando a la calle: libertad, libertad, libertad!!!!

    • Cuauhtémoc Medina

      Querido Rubén. Lamento que mi tono no te guste. Dejando a Foucault y Deleuze, que te confieso mi confusión de nunca haber visto como anarquistas, sigo confesando que Johnny Rotten no es mi fuente de inspiración intelectual. Qué le vamos a hacer. abrazo. C

    • Cuauhtémoc Medina

      Estimado Toto

      Gracias por compartirme este texto de Flores Magón que no leía hace más de veinte años.

      Releo la siguiente línea: “El martirio nos ha hecho más fuertes y más resueltos: estamos prontos a más grandes sacrificios.” Cien años después creo que la evidencia histórica me permitiría decir a Flores Magón que no ha sido así la cosa. El martirio se ha acumulado, son montañas y montañas, y no nos ha hecho más fuertes. Hoy este discurso parece más fácil de reconocer como una idea cristiana infiltrada en la retórica emancipadora. Saludos

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